Mi experiencia como estudiante en el extranjero

Estudiar un semestre de Gastronomía en el extranjero me cambió la vida. No fue solo por todo el conocimiento que aprendí, los lugares que visité o las personas increíbles que conocí, sino lo mucho que maduré en ese viaje. 

Desde muy joven, yo siempre tuve dos grandes pasiones: la comida (la que yo sabía era deliciosa, bien hecha, calientita, como un abrazo en cada bocado) y otras culturas.

Me maravillaba viendo en la televisión los concursos de otras partes del mundo donde personas creaban platillos rememorando y honrando sus tradiciones.

 

 

La película de Ratatouille, sobra decirlo, fue un clásico en mi casa que prometo he visto más de mil veces. 

Escoger la carrera de Gastronomía fue, por lo tanto, algo a lo que llegué naturalmente por esas ansias que tenía de mejorar cada día mis habilidades. Entrar fue un sueño hecho realidad, pero yo sabía que no me iba a conformar y desde el primer semestre busqué opciones para irme de intercambio.

La escuela me otorgó los convenios y las facilidades para realizar mis prácticas profesionales, por lo que apenas pude, tomé mi boleto de avión y me dirigí al país con una de las gastronomías más exquisitas del mundo: España. 

Adaptarme fue difícil y no. Dejar casa y amigos en por un tiempo es pesado, pero, bien que mal, trabajar en una gran cocina de una gran calidad mantenía mi mente ocupada.

Es un ambiente pesado y retador, pero me enseñó a ser autodidacta, más responsable, e incluso a tener mayor confianza en mí mismo y a lo que había aprendido a lo largo de la carrera.

No puedo decir que conocí muchos sitios turísticos de España porque yo fui con el único objetivo de trabajar y volverme mejor en lo que amo; pero lo que sí les puedo decir es que conocí este país en la deliciosa variedad de sus platillos.

Sin embargo, y esto me da mucha risa contarlo porque no se me ocurrió que sucedería en mi viaje: aprendí a valorar los elementos culinarios de mi país y a sentirme orgulloso de preparar platillos mexicanos y yucatecos, y presentárselos a mis colegas. 

Me alegró mucho cuando me pidieron que contara mi historia y pudiera tener un espacio en donde pudiera agradecer a la EIC por la increíble experiencia que me otorgaron.

Fue un viaje intenso, lleno de retos y de emociones, de gente increíble que me acompañó y me hizo sentir en casa aún estando lejos de ella, de aprender y equivocarme, pero sobre todo, de volverme un mejor chef.  

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