Testimonio de un carnívoro: una semana siendo vegano

Por la razón que sea me volví vegana por una semana.

Y digo por lo que sea pues ninguna razón parecía lo suficiente para mis amigos y familiares cuando les contaba que quería experimentar “eso de ser vegano”. Y es que todo esto empezó por una mezcla entre sincera curiosidad y una apuesta con un amigo que no creía que podría “renunciar” (ni por una semana) a la carne y sus derivados. 

Todo comenzó un viernes de septiembre cuando, entre sartenes e insumos, mi destino quedó sellado al presumir (y hartar a mis compañeros) sobre cómo no podría vivir sin aquel antojo que tenía ese día.

Luego de discutir acaloradamente con uno de ellos, sobre si un individuo podría vivir (y hacerlo bien, gozar) con una alimentación basada en plantas, la apuesta estaba hecha. De domingo a domingo me volvería una vegana hecha y derecha y documentaría mis avances para el mundo. 

Me pasé todo el sábado estudiando qué es el veganismo, qué se puede comer siendo vegano, haciendo la lista del supermercado y juntando recetas para la semana.

En la noche me encontré con mis amigos con los cuales compartí lo que yo llamé mi “última cena” (pizza, helado y unas cuantas cervezas) y mi plan para la semana.

Me topé con reacciones muy diversas: desde intriga (¿lo haces por los animales? ¿por salud? ¿estás enfermo?), enojo (¡Seguramente lo haces para seguir la moda! ¿sabías que las plantas también sienten?), hasta de un susto muy sincero (¡Eso significa que te vas a perder los taquitos del dieciséis!); sin embargo, todos me apoyaron en mayor o menor medida, sin estar muy seguros de qué era exactamente lo que haría, por qué lo hacía o qué comería. 

 

Pues bien, ¿qué es ser vegano? ¿Cómo se come?  

El veganismo es un estilo de alimentación basado en plantas donde se restringe el consumo de todos los productos de origen animal o de sus derivados, por lo tanto, carnes, mariscos, lácteos, huevo, miel de abeja y gelatinas quedan fuera del menú.

Close-up of Salad in Plate

 

Para muchos, “renunciar” a estos alimentos puede sonar como el reto más grande del mundo, sin embargo, mi primera sorpresa fue que a los dos minutos de mirar recetas veganas se me abrió el apetito, pues había descubierto un universo lleno de posibilidades con ingredientes que jamás había utilizado. 

 

Durante mi investigación, lo primero que encontré fueron muchos pros y contras sobre este tipo de alimentación.

Mi mayor preocupación era obtener las proteínas adecuadas cuando, sin darme cuenta, podría obtener todas estas de legumbres, cereales (sobre todo la soya, el tofu) y frutos secos.

El periódico El Español me ayudó a encontrar una lista completa de  proteínas, explicando por qué importan y dónde hallarlas. Sin embargo, no pasé por alto que en muchas páginas veganas recomiendan la ingesta de vitaminas, pues algunas de ellas de ellas como el Omega 3 y la vitamina B12 se encuentran principalmente en pescados.  

 

Cocinar 

Como amante de la cocina no me importó cambiar unas buenas carnes por tofu, la leche de vaca por un sustituto de coco o de soya fortificada y abastecerme de lentejas y frijol para la semana.

 

Lo que definitivamente noté era que al principio me costó mucho trabajo pensar y cocinar cada comida; es decir, en lugar de hacerme unos huevos revueltos para desayunar o prepararme un sándwich en los días donde el tiempo apremiaba, me encontraba con que tenía que cocinar recetas nuevas que no había probado antes, sin embargo, el reto siempre valía la pena y, una vez dominadas las nuevas recetas, estas salían tan en automático como respirar todos los días.

En las tardes donde me ganaba el hambre, tenía a la mano hummus y verduras picadas y, en caso de antojo de chucherías, me encontré que, si bien las papitas nunca son veganas, las Oreos sí.  

 

 

Salir a comer 

Recuerdo que antes en Mérida existía una percepción de que ser simplemente vegetariano era algo extremo.

Sin embargo, con los años la preocupación por el medio ambiente y los animales ha llegado a los restaurantes que transforman sus menús para ser amigables con las personas que tienen una alimentación basada en plantas.

Lugares como Nümen y Avocado vegetariano fueron mis primeras opciones cuando quería comer algo delicioso en donde no me tuviera que preocupar por estar pendiente de los ingredientes. 

 

 

El grito del 15  

Como dije antes, quería experimentar ser vegana sin importar qué, por lo tanto, me pareció fantástico poner a prueba este nuevo estilo de vida con una celebración tan grande como la Independencia.

 

Si bien al principio no tenía ni idea de qué cocinar, este artículo de La Jornada Maya donde recomiendan lugares de platillos veganos para las fiestas, me ayudó expandiendo mis opciones.

 

Al final, opté por cocinar un pozole vegano (¿se acuerdan de la indignación que despertó en redes el año pasado?) que encantó a más de uno en mi reunión.  

 

 

 

Comentarios generales 

Volverme vegana fue una experiencia retadora, pero a final de cuentas fantástica.

Requirió de esfuerzo y planificación, puesto que tuve que adaptarme a nuevos ingredientes que no había probado antes (mi experiencia con el tofu no fue desagradable, pero necesito más práctica) y también, a comprar ingredientes pensando más en mi nutrición y qué le estaba dando a mi cuerpo.

  

Era a veces cansado tener que revisar la etiqueta nutrimental de cada producto, pero con el tiempo me sentí mucho mejor consumiendo alimentos no procesados.  

Me sentí más energética y menos letárgica luego de comer, pues también disminuí mi consumo de azúcar, ya que mucha de esta se encuentra en los panes y harinas que consumimos a diario.

Y, si bien extrañé los cafés lecheros por las mañanas, encontré que con opciones veganas encontraba sabores igual de ricos, que son a su vez considerados con el ambiente y los animales.

Definitivamente es algo que retomaré para mi vida diaria.  

 

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